Detesto
a los periodistas que locutean creyéndose la última chupada del mango o la
última pepa de la granadilla.
Aborrezco
a los periodistas que verborrean en la radio, salvo un infarto al miocardio,
ellos nunca acabarían.
Abomino
de los periodistas que charlatanean, aparentando ser los pontífices eximios de
la verdad pura, absoluta, única.
Me dan
asco los periodistas que burbujean las mismas palabras de siempre, con esa
mediocridad que solamente ellos mismos creen que no es.
Desprecio
a los periodistas radiofónicos que gritean, como si eso fuera el quid, el
secreto; como si vociferar les diera la razón.
Me
burlo de los periodistas que radiolorean cotidianamente con los periódicos en
la mano, y que todavía se atribuyen autorías.
Repudiables
los periodistas que escupen sus palabras, sentenciando sus chantajes,
bendiciendo las coimas recibidas.
Desaguables
los periodistas que lamen el bolsillo que mensualmente los abona, que los riega
con monedas, que los cosecha con la miseria de un cheque.
Basurables
los periodistas que babean con frasecitas a un pueblo ignorante, desinformado
y manipulable.
Ahora,
miremos al otro lado.
Tontos
los oyentes que los siguen a ésos.
Retrasados
audibles los escuchas que los alientan a ésos.
Cómplices
mediocres los que oyen a ésos.
Ignorantes
los oyentes que adulan a ésos.
Mantenedores
los oyentes que dan rating a ésos.
En
fin, los dos tenemos…. los dos?
¿Y los
dueños de las radios?
Verborréicos,
charlatanes, burbujeadores, gritones, chamusqueadores, repudiables,
desaguables, basurables, tontos, retrasados, cómplices, ignorantes,
mantenedores….
En la
prensa escrita se dice al mal periodista: cagatintas.
¿En la
radio? CAGASALIBAS.

